Por Msc. Verónica Andrade
El día viernes 12 de junio se presentó la obra “Antología de ensayos de las ciencias de la vida” de autoría de l Dr. Oswaldo Bäez Tobar, editor de la sección Ciencia del Periódico Opción, en este significativo acto realizado en el marco de la conmemoración de los 25 años de vida de nuestro medio de comunicación, la Msc. Verónica Andrad, tuvo a cargo el análisis de la obra que lo reproducimos a continuación.

Es para mí un verdadero honor participar en la presentación de esta obra: Antología de ensayos de las ciencias de la vida y compartir algunas reflexiones sobre un libro que, además de ser una contribución al conocimiento de las ciencias biológicas, representa una síntesis del pensamiento, la trayectoria académica y la vocación docente del Dr. Oswaldo Báez. Quiero comenzar agradeciéndole por haberme permitido leer su libro y por confiar en mi para formar parte de este evento académico.
Tuve el privilegio de ser su estudiante hace ya varios años y debo confesar que la lectura de este libro me permitió reencontrarme con muchas de las experiencias vividas en las aulas. Mientras avanzaba por sus páginas, recordaba esa manera tan particular de enseñar que siempre lo ha caracterizado: una enseñanza rigurosa, sustentada en la evidencia científica, pero al mismo tiempo profundamente humana, reflexiva y comprometida con la realidad social.
Creo que esa es precisamente una de las características más valiosas de esta obra. No estamos frente a un libro que se limita a transmitir conocimientos biológicos. Estamos frente a una obra que entiende la Biología como una herramienta para comprender la vida en todas sus dimensiones: la naturaleza, la sociedad, la cultura y el ser humano.
Desde las primeras páginas queda claro que el autor no pretende ofrecernos una visión fragmentada de la ciencia. Por el contrario, nos invita a recorrer un camino intelectual amplio, que conecta campos tan diversos como la epistemología, la divulgación científica, la biodiversidad, la ecología, la genética molecular y el desarrollo social; y lo hace con la solvencia que lo caracteriza, para transitar entre distintos temas sin perder profundidad ni rigor.
Uno de los aspectos que más me llamó la atención es que el libro inicia abordando una pregunta fundamental: ¿Qué es la ciencia? ¿Qué es el conocimiento y cómo construimos conocimiento científico?
Podría parecer un punto de partida teórico, pero en realidad constituye la base de todo el recorrido posterior. El autor nos recuerda que la ciencia no es únicamente un conjunto de datos o descubrimientos acumulados. Es una forma de aproximarnos a la realidad, de formular preguntas, de cuestionar nuestras certezas y de construir explicaciones cada vez más sólidas sobre el mundo que nos rodea.
En una época caracterizada por la sobreabundancia de información, por la difusión de noticias falsas y por el cuestionamiento constante de la evidencia científica, esta reflexión resulta pertinente y necesaria. Es así que el libro nos recuerda que el pensamiento crítico sigue siendo una de las herramientas más importantes para la construcción de sociedades más libres y democráticas.
Otro elemento que considero especialmente relevante es la reivindicación que hace el Dr. Báez del ensayo como instrumento de divulgación científica. Durante mucho tiempo hemos asociado la producción científica exclusivamente con artículos especializados dirigidos a comunidades académicas muy específicas pero reducidas: frente a ello nos demuestra que existen otras formas igualmente válidas de comunicar el conocimiento.
Los ensayos reunidos en esta obra logran algo que no siempre es sencillo: mantener la esencia científica y, al mismo tiempo, ser accesibles para lectores que no provienen de las ciencias biológicas.
Y esto tiene un enorme valor. Porque la ciencia cumple plenamente su función social cuando logra salir de los laboratorios, cuando logra adentrarse en diferentes espacios de la sociedad, cuando se convierte en el punto de discusión y debate en las aulas, cuando se dialoga sobre ella en la vida cotidiana. Entonces, cuando se logra comunicar la ciencia de manera clara y cercana, deja de ser patrimonio exclusivo de unos pocos y se convierte en un instrumento colectivo para comprender mejor nuestra realidad.
A medida que avanzamos en la lectura, nos encontramos con una serie de ensayos referentes a la diversidad biológica, una temática particularmente significativa para un país como Ecuador. La obra nos recuerda la extraordinaria riqueza natural que poseemos; nos invita a reconocer el papel fundamental que cumplen los herbarios, los museos de historia natural y las colecciones científicas en la conservación de nuestra memoria biológica.
Más allá de los datos y las descripciones, existe aquí una invitación implícita a valorar nuestro patrimonio natural y a comprender que la biodiversidad no es solo una característica del territorio ecuatoriano, sino uno de los pilares de nuestra identidad y el mayor recurso para el desarrollo del país.
Y justamente esta conexión entre el conocimiento científico y la identidad cultural aparece de manera recurrente a lo largo de toda la obra. Evidenciándose, por ejemplo, en los ensayos centrados en la ecología y el ambiente; la evolución del pensamiento ambiental, las contribuciones históricas de figuras como Humboldt y la importancia de ecosistemas únicos como las Islas Galápagos para la comprensión de los procesos evolutivos.
Pero quizá lo más interesante es que estas reflexiones trascienden la descripción de fenómenos naturales y nos llevan hacia una discusión ética y política -en el mejor sentido de la palabra-. Cuando el libro aborda temas como la deuda ecológica o los efectos del cambio climático, nos invita a reconocer que los problemas ambientales no son únicamente problemas científicos, sino que son también problemas sociales, que surgen de un modelo económico concebido para explotar los recursos naturales y acumular riqueza en desmedro de la conservación de la naturaleza, lo que requiere respuestas colectivas y urgentes.
Si tuviera que mencionar el capítulo que más me impactó personalmente, sería el dedicado a las relaciones entre ciencia y sociedad. Aunque es un capítulo pequeño, en él se encuentra una de las ideas más poderosas de todo el libro. Durante mucho tiempo hemos tendido a pensar que las ciencias biológicas se ocupan exclusivamente de organismos, ecosistemas o procesos naturales; pero este capítulo nos demuestra que la biología también puede ayudarnos a comprender fenómenos sociales, procesos históricos e incluso formas de organización humana.
A través de este capítulo, el doctor Báez nos invita a analizar cómo determinadas teorías biológicas han influido en la construcción de ideas sociales y cómo, en algunos casos, han sido interpretadas o utilizadas de manera inadecuada. Pero, al mismo tiempo, nos muestra el enorme potencial que tiene el conocimiento científico para contribuir al desarrollo humano y al bienestar colectivo.
Esta reflexión me parece particularmente valiosa porque rompe con una visión tradicional que separaba las ciencias naturales de las ciencias sociales. El libro nos recuerda que los grandes desafíos contemporáneos (la conservación de la biodiversidad, la salud pública, el cambio climático, la seguridad alimentaria o la inequidad social) requieren abordarse de forma integral e interdisciplinaria.
Existe además un ensayo que me pareció especialmente simbólico: “Las manos: una maravilla de la evolución”. En este ensayo Oswaldo Báez construye una reflexión profunda sobre la vida, el trabajo, el arte, el amor y la responsabilidad. La mano aparece como estructura biológica, como herramienta de transformación y como símbolo de la capacidad humana para construir la sociedad. La analiza desde varios ámbitos como una estructura única y multifuncional, que nos permite trabajar, expresarnos, pero, sobre todo, se la representa como un instrumento que permite labrar el futuro de nuestras sociedades.
Finalmente, el libro culmina con una mirada hacia las bases moleculares de la vida. En ella nos acerca al mundo de la genética y del ADN, mostrando cómo estos conocimientos han revolucionado nuestra comprensión de los seres vivos y han abierto nuevas posibilidades para la medicina y la investigación científica. Pero incluso en este nivel de análisis científico, emerge nuevamente una reflexión profundamente humana. Comprender nuestra composición genética también significa comprender nuestra historia evolutiva. Significa reconocer que todos los seres vivos compartimos un origen común, y significa recordar que, más allá de nuestras diferencias, existe una profunda conexión biológica que nos une.
Quisiera concluir señalando que esta obra es mucho más que una recopilación de ensayos sobre ciencias de la vida, es una invitación permanente a pensar: en la ciencia, la naturaleza, la sociedad y nuestra responsabilidad frente a ellas. Es una obra que logra tender puentes entre disciplinas y entre generaciones, lo que constituye sin dudas, y según mi forma de percibirla, uno de sus mayores méritos. En tiempos en los que el análisis rigurosamente científico puede llegar a fragmentar nuestra comprensión del mundo, Oswaldo Báez nos ofrece una mirada integradora, amplia y humanista.
Una mirada que nos recuerda que la ciencia no solo sirve para explicar la realidad, sino también para transformarla. Por ello considero que esta obra nos invita a cuestionar nuestro entorno a través del ojo científico; nos permite visibilizar los vínculos existentes entre ciencia y sociedad. Es una obra verdaderamente valiosa, un aporte a la Carrera de Ciencias Biológicas y Ambientales, a la comunidad universitaria y al país. Una obra que representa claramente el aporte y la huella que el Dr. Báez ha dejado en cada uno de sus estudiantes, como docente, científico y ser humano.
Muchas gracias.



