36 años del primer levantamiento indígena, el levantamiento del Inti Raymi

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Por Jhony Tamayo

El levantamiento indígena de junio de 1990, denominado como el levantamiento del Inti Raymi, constituye uno de los acontecimientos políticos y sociales más importantes de la historia contemporánea del Ecuador. Durante varias semanas, miles de indígenas de distintas nacionalidades y pueblos realizaron movilizaciones, bloqueos de carreteras, ocupaciones simbólicas de espacios públicos y acciones de protesta que pusieron en evidencia la profunda desigualdad social, económica y cultural que afectaba a los pueblos indígenas.

Más que una protesta coyuntural, el levantamiento representó la irrupción de un actor político y social, que históricamente estaba marginado, exigía reconocimiento, derechos colectivos y una transformación estructural del Estado ecuatoriano.

Hasta finales de la década de 1980, los pueblos indígenas enfrentaban graves condiciones de exclusión. Aunque la reforma agraria había modificado parcialmente las relaciones de propiedad de la tierra, gran parte de las comunidades continuaban viviendo en condiciones de pobreza, con limitado acceso a educación, salud, infraestructura y participación política. Además, el modelo estatal dominante seguía considerando al Ecuador como una nación homogénea, ignorando la diversidad cultural y lingüística existente en el país.

En este contexto surgieron importantes procesos organizativos indígenas. La consolidación de organizaciones regionales y nacionales permitió articular demandas comunes y fortalecer una identidad política colectiva. La creación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) en 1986 fue un paso decisivo en este proceso. La organización logró unificar diversas luchas territoriales, culturales y sociales bajo una propuesta política nacional.

El levantamiento comenzó finales de mayo hasta el mes de junio de 1990, coincidiendo con la celebración del Inti Raymi, una festividad milenaria ancestral andina. La magnitud de la protesta sorprendió al gobierno y a las élites políticas, que durante décadas habían subestimado la capacidad organizativa del movimiento indígena.

Entre las principales demandas figuraban la legalización y adjudicación de territorios comunitarios, el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado, el respeto a las culturas indígenas, el acceso a servicios básicos, la educación bilingüe intercultural y una mayor participación política. Estas reivindicaciones trascendían los reclamos económicos tradicionales y planteaban una profunda crítica a las estructuras históricas de poder burgués.

Las consecuencias del levantamiento fueron profundas. En los años posteriores se ampliaron los programas de educación intercultural bilingüe, se avanzó en el reconocimiento de derechos colectivos contemplados en la Constitución y aumentó significativamente la participación política indígena.

Sin embargo, muchos de los problemas que dieron origen al levantamiento continúan presentes. La pobreza, los conflictos por el acceso a la tierra y los recursos naturales, los mega proyectos extractivos, fortalecer los derechos territoriales, combate al racismo y a las desigualdades sociales del sistema capitalista. Todo esto muestra que las demandas de 1990 se mantienen vigentes hasta construir una nueva sociedad justa, equitativa y plurinacional, con todos los sectores populares del campo y la ciudad.

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