Por Andrés Quishpe
La preocupación generada por los resultados de PISA debería convertirse en una oportunidad histórica para el país: en lugar de responder con una nueva reforma diseñada desde arriba, es momento de abrir un amplio debate nacional que permita analizar, de manera colectiva, los problemas estructurales de nuestra educación y construir respuestas a partir de sus verdaderas causas.
En ese contexto, solicitamos que se convoque al Consejo Nacional de Educación, conforme establece el artículo 30 de la LOEI. La propia Ley define al Consejo como un organismo especializado y permanente de orientación, asesoría y consulta de la Autoridad Educativa Nacional, cuya instancia consultiva constituye precisamente el ámbito nacional de debate del Sistema Nacional de Educación para la formulación de políticas públicas, proyectos, programas y planes educativos.
¿Qué mejor momento para convocarlo que después de conocer los resultados de PISA 2025?
Allí deben participar y ser escuchadas las diferentes voces de la comunidad educativa para transformar los resultados de PISA en una verdadera agenda nacional de política pública y evitar respuestas aisladas, reformas sucesivas sin evaluación suficiente o el incremento de evaluaciones que terminen trasladando problemas estructurales hacia responsabilidades individuales de docentes y estudiantes.
Por otra parte, el país merece conocer la evidencia que sustenta su propuesta, los resultados de los procesos de pilotaje del Currículo por Competencias que se viene aplicando en la Zona 6, las evaluaciones realizadas, los aportes recogidos de docentes y comunidades educativas y las razones pedagógicas que justifican las decisiones adoptadas.
Ministra, abra el diálogo
PISA no debería convertirse en argumento para imponer una nueva reforma vertical. Debería convertirse en una oportunidad para preguntarnos colectivamente qué educación necesita el Ecuador. Solo así vamos incluso a recuperar el sentido formativo de la evaluación: utilizarla para identificar vacíos y fortalezas, comprender las desigualdades, revisar las políticas implementadas y construir mejores procesos de enseñanza y aprendizaje. Evaluar para comprender y mejorar, no para imponer, estigmatizar, ni sancionar. Y, sobre todo, entender algo elemental: ningún currículo, por novedoso que se presente, transformará por sí solo la educación si no viene acompañado de docentes revalorizados y capacitados, inversión suficiente, infraestructura digna, recursos pedagógicos, estabilidad de las políticas educativas y mejores condiciones para que nuestros estudiantes puedan aprender. Los resultados de PISA2025 deben abrir el debate educativo nacional, no cerrarlo.

