Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez
Marco Rubio habló en Nueva York. Dijo que la Revolución cubana ha fracasado. Dijo que Cuba tiene una «oportunidad de oro» para cambiar. Dijo que no se revierten sesenta años de «mala gestión, corrupción e incompetencia» en seis meses.
Y yo me pregunto: ¿cómo se atreve a hablar de mala gestión el hombre que diseñó la orden ejecutiva que nos dejó sin combustible?
Primero: el fracaso tiene nombre y apellido
Rubio habla de «mala gestión». Pero la crisis que vive Cuba hoy no se llama corrupción. Se llama Orden Ejecutiva 14380, firmada por Trump el 29 de enero de 2026, diseñada por Rubio mismo. Esa orden autoriza aranceles punitivos contra cualquier país que suministre petróleo a Cuba.
El resultado: en lo que va de año, Cuba ha recibido un solo buque con combustible, el ruso Anatoly Kolodkin, con 100,000 toneladas de crudo. Cuba necesita unos ocho buques mensuales para operar con normalidad. Más del 60% del territorio nacional a oscuras en horas pico. Equipos médicos sin poder funcionar. 100,000 pacientes, incluidos 12,000 niños, en listas de espera quirúrgica sin fecha. Pacientes muriendo de cáncer cada día, con una tasa de supervivencia que se desplomó del 85% al 65% por una razón simple: faltan medicamentos, no hay equipos, no hay combustible.
¿Eso es mala gestión, señor Rubio? ¿O es asesinato por diseño?
Segundo: la «corrupción» que usted denuncia la práctica su gobierno
Rubio dice que Cuba es corrupta. Pero su Departamento de Estado acaba de sancionar a Fidel Ernesto Castro Calis, nieto de Raúl Castro, simplemente por ser familiar de un sancionado. Eso no es justicia. Es venganza tribal.
Y mientras sanciona a familias enteras, su gobierno bloquea el Banco Exterior de Cuba, la empresa CEXNI del níquel, y las importadoras de petróleo ABAPET y Comercial CUPET. Todo con la misma orden ejecutiva que usted diseñó.
La «corrupción» que usted denuncia es la excusa. El objetivo real es asfixiar al país hasta que colapse.
Tercero: la «oportunidad de oro» es para las empresas estadounidenses
Rubio habló de la diáspora, de la inversión, del futuro económico de Cuba. Pero se le olvidó mencionar algo: inversionistas estadounidenses están pujando por adquirir el negocio minero de Sherritt International en Cuba, la empresa canadiense que abandonó el mercado cubano debido a las sanciones estadounidenses.
Ahí está la «oportunidad de oro». No es para el pueblo cubano. Es para las corporaciones estadounidenses que quieren quedarse con nuestros recursos. Trump lo confesó en la ONU: «Al vencedor le pertenece el botín».
Cuarto: las cifras que Rubio no menciona
Rubio no menciona que el bloqueo causó pérdidas por 8,083 millones de dólares entre marzo de 2025 y febrero de 2026, un 7% más que el año anterior. El daño acumulado asciende a 178,700 millones de dólares.
No menciona que más de 7,000 contenedores con alimentos, medicinas y dispositivos médicos permanecen varados en puertos del mundo, bloqueados por el miedo a las sanciones estadounidenses.
No menciona que el canciller Bruno Rodríguez desmintió sus mentiras sobre el petróleo: «El Secretario de Estado repite una y otra vez, con la comodidad que le da el foco mediático y su capacidad de mentir, que su gobierno no bloquea la entrada de petróleo a Cuba”.
Lo que yo sostengo
Marco Rubio dice que la Revolución ha fracasado. Pero el fracaso tiene dueño. Y no está en La Habana. Está en Washington, donde firmaron la orden que secó los tanques. Está en el Departamento de Estado, donde sancionan a niños por apellidarse Castro. Está en la Casa Blanca, donde un anciano narcisista presume de botines mientras los niños cubanos esperan cirugías que no llegan.
La Revolución cubana no ha fracasado. Ha resistido sesenta años de asedio. Y si algo demuestra que sigue viva es que todavía hay quien la defiende con la verdad.
Rubio, tus «oportunidades de oro» no nos engañan. Ya sabemos lo que buscan.
Patria o Muerte. Venceremos.

