El país sigue desangrándose ante el crimen organizado

Periódico Opción
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Por Remo Cornejo Luque

La propaganda del régimen de Noboa insiste en vendernos el espejismo de un «Nuevo Ecuador», un relato de redes sociales que asegura que caminamos hacia la paz. Sin embargo, la terca y cruda realidad que se vive en las calles desmiente la narrativa oficial. El gobierno está perdiendo de forma estrepitosa su guerra creada contra el crimen organizado; su absoluta incapacidad demuestra que el presidente debe irse a su casa. Las cifras no mienten y exponen un baño de sangre sin precedentes en nuestra historia.

El registro de 15,561 homicidios intencionales en dos años de gestión de ADN —un promedio aberrante de una muerte violenta cada 66 minutos— es el reflejo del fracaso rotundo de la política de seguridad estatal. La crudeza de esta realidad golpea con saña a quienes intentan romper el cerco mediático. El reciente asesinato de René Cobos Merchán, colaborador de medios internacionales como la BBC en coberturas de alto riesgo sobre el narcotráfico, es la prueba más dolorosa de que la verdad está bajo fuego. Cuando las balas silencian a quienes facilitan el periodismo, el Estado pierde el control territorial.

Mientras el Ejecutivo prioriza la espectacularidad de operativos militares en estados de excepción perpetuos, las mafias siguen gobernando impunemente. El pueblo sobrevive desamparado ante el auge de extorsiones, secuestros y un sicariato desbocado que obliga al cierre de negocios y al desplazamiento forzado de familias vulnerables.

Este escenario de terror no se soluciona con discursos punitivos ni aumentando el IVA para golpear los bolsillos de la clase trabajadora. El problema es estructural. Al enfocarse solo en la represión coyuntural, el gobierno ignora las causas profundas de la criminalidad: falta de empleo, deserción educativa de jóvenes atrapados por economías ilegales, desatención del agro y un sistema de justicia debilitado por la infiltración mafiosa.

Un gobierno incapaz, que no garantiza el derecho elemental a la vida ni la seguridad de quienes ejercen la libre expresión, ha fallado en su contrato social y debe dar un paso al costado. Para cambiar de rumbo no necesitamos marketing digital; se requiere una depuración institucional severa, el fin de la impunidad y una inversión social pública urgente en educación, salud y empleo. La paz se construye dignificando la vida de la gente.

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