La consolidación del antinoboismo y la avalancha de la revocatoria

Periódico Opción
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Por Remo Cornejo Luque

‎El escenario político del Ecuador sufre mutaciones de fondo. Aunque el Gobierno intente camuflar su desgaste con mañas publicitarias, la realidad circundante es cruda, el descontento social ha madurado hasta constituirse en una fuerza mayoritaria bajo la bandera del antinoboismo.

‎Este fenómeno no es un accidente discursivo ni una disputa nacida en los pasillos legislativos; surge desde abajo, desde las entrañas de la resistencia popular organizada, como respuesta directa al sistemático incumplimiento de las ofertas de campaña y a la política de la mentira oficial que pretende normalizar la miseria de la juventud, los trabajadores y los pueblos.

‎Para comprender la raíz de este ascenso, es imperativo descifrar el tablero político desde su contradicción matriz: la lucha de clases. Históricamente, la oligarquía ha instrumentalizado falsas dicotomías para adormecer la conciencia popular y fragmentar las fuerzas del cambio. Durante casi dos décadas, el debate público fue encajonado de forma superficial entre el correísmo y el anticorreísmo. Hoy, la agudización de las condiciones materiales de vida va disipando ese viejo esquema, evidenciando que la verdadera confrontación no es de caudillos, sino de intereses de clase irreconciliables, es decir, entre los intereses de la burguesía versus los de la clase trabajadora. Así entonces, la vieja polarización, manipulada desde las alturas, hoy se va desplazando y redefiniendo: de un lado, el continuismo de la derecha tradicional —representado por Noboa— que defiende los privilegios del gran capital, precariza la vida y profundiza la crisis (entiéndase clase burguesa); del otro, el antinoboismo, que emerge como la expresión genuina de la corriente popular y de cambio que demanda mejores condiciones de vida (entiéndase clase trabajadora).

‎Ante este nuevo escenario, el desafío histórico recae sobre las fuerzas sociales y la izquierda revolucionaria. Existe la obligación urgente de canalizar políticamente este inmenso caudal de indignación colectiva bajo una conducción popular clara. Solo la firmeza ideológica y política evitará que el descontento se disperse o, peor aún, que sea capitalizado por sectores de la derecha tradicional que ya intentan vestirse con máscaras de renovación, reciclándose en nuevos partidos para contener el descontento de las masas.

‎La última encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (CIEES), procesada a mediados de mayo, desnuda la magnitud de este divorcio y le otorga base estadística a la nueva corriente. Las cifras son lapidarias para el Palacio de Carondelet: el 74% de los ecuatorianos califican de forma negativa la gestión gubernamental, mientras apenas un raquítico 26% aprueba el rumbo del régimen, confirmando una caída libre que se acelera mes a mes.

‎A la par, el blindaje estético del «presidente joven y pragmático» se ha evaporado, dejando un 69% de desagrado directo hacia la figura de Daniel Noboa. Sin embargo, el cimiento más sólido del antinoboismo emergente es la quiebra absoluta de la credibilidad presidencial: el 77% de la población confiesa que desconfía del mandatario. Cuando la fe en la palabra oficial cae al 23%, la gobernabilidad burguesa se disuelve y cualquier promesa del Ejecutivo es recibida con un rechazo automático.

‎Este pesimismo estructural —alimentado por el 80% de la ciudadanía que califica la situación del país como «mala» o «muy mala»— tiene causas materiales concretas. El antinoboismo no crece en el vacío; se nutre del desabastecimiento crónico de medicinas en los hospitales públicos, la asfixia económica, los apagones y una crisis de seguridad delictiva que no da tregua. El pueblo se cansó de las excusas y de la política de Tik-Tok frente a una realidad que golpea con violencia los hogares, el bolsillo y la vida diaria de las mayorías.

‎El golpe de gracia para el régimen es que este descontento ha encontrado un canal institucional y de masas para su desfogue: la avalancha por la revocatoria del mandato. Al cumplirse el 24 de mayo el primer año de gestión de su segundo mandato, se activa el marco legal contemplado en el artículo 105 de la Constitución. Colectivos sociales y organizaciones históricas como el Frente Popular ya elevan el tono y exigen formalmente al Consejo Nacional Electoral (CNE) la entrega inmediata de los formularios para iniciar la recolección de firmas.

‎Aunque el camino legal exige un enorme desafío organizativo para validar cerca de dos millones de rúbricas, el impulso popular es innegable. La solicitud de revocatoria ya no es una amenaza aislada ni un ejercicio abstracto; es la consecuencia directa de un Gobierno que le dio la espalda a sus mandantes. El antinoboismo ha madurado: dejó de ser simple indignación espontánea y hoy se organiza como una avalancha democrática dispuesta a disputar el poder, recuperar el futuro del país y ponerlo firmemente al servicio de los trabajadores y los pueblos.

‎»Protestar es denunciar que eso o aquello no es justo. Resistir es garantizar que aquello con lo que no estoy conforme no se vuelva a producir». ‎Ulrike Meinhof, periodista y revolucionaria.

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