la injerencia de Trump: elecciones de Perú y Colombia

Periódico Opción
5 Minutos de lectura

Por Jaime Chuchuca Serrano

La estrategia neocolonial del Escudo de las Américas de la era de Trump tienen objetivos de ocupación territorial, económica y político electoral, para conformar su Gran América del Norte. Además de la custodia bioceánica, el aparato diplomático, los tradicionales cuerpos de inteligencia como la CIA, se han sumado los ejércitos armados, de troles y bots, la Inteligencia Artificial, Palantir, la flexibilidad algorítmica y la renovación de la industria cultural en las redes sociales.

En las elecciones recientes de Perú y Colombia —hace algunos meses, Honduras, y hace más de un año, Ecuador— destacó la participación discursiva y mediática de Trump. Igualmente, las fuerzas de seguridad de Israel, que se han desplegado a la par, en campañas millonarias de desprestigio contra las izquierdas y sus candidatos.

Ahora, los reñidos porcentajes electorales en las elecciones de Perú y Colombia, tienen la similitud crucial de que el voto extranjero permitió la victoria de las extremas derechas de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella.

En Perú, con el conteo estancado en 99,88%. Keiko Fujimori lleva la delantera con 9.209.041 votos (50,121%) y Roberto Sánchez 9.164.453 votos (49,879%). Fujimori gana en el extranjero con 194.781 votos (63,2%), respecto de Roberto Sanchéz, 113.388 votos (36,79 %). Pero, dentro del país, gana Sánchez con 9.051.065 votos (50,1%), a Fujimori con 9.014.260 votos (49,89%).

En Colombia, Abelardo de la Espriella obtiene 12.959.542 votos (49,66%) e Iván Cepeda, 12.708.712 votos (48,70%). Abelardo gana ampliamente en el extranjero con 390.949 votos (63,77%), de estos, 179.841 votos (80,57%) en Estados Unidos; Cepeda obtiene en el extranjero 213.140 votos (34,76%). En el extranjero, la diferencia entre los dos es 177.890 votos. Sin embargo, dentro del país la diferencia se reduce a 73.021 votos. La votación de la Espriella se concentra en los departamentos céntricos; mientras que Cepeda gana en la mayoría de departamentos periféricos.

En Perú y Colombia, el aparecimiento de grandes mesas en el extranjero ha llamado la atención y la impugnación. Perú va semanas sin proclamar los resultados. Colombia en cambio se apega al libreto de decir que el conteo rápido es similar en un 99,97% al escrutinio de actas, a pesar de la disminución de los controles informáticos, que el propio Petro ha denunciado.

Trump ha llamado a votar por la derecha e incluso ha amenazado con restricciones a los países si ganaba el candidato opuesto. En el caso colombiano, Trump dice que por su apoyo al de la Espriella, este pasó del décimo puesto al primero. Las formaciones institucionales judiciales, penales y electorales han dado más vueltas de tuerca para constreñir la participación de los candidatos que enfrentan al status quo.

Cualquier fuerza política que participe en elecciones y no tenga una estrategia para enfrentar las estructuras institucionales, el sistema informático y la dependencia política, es muy difícil que gane. Así exista fraude y se pueda demostrar, los procesos de impugnación son manejados por los consejos o tribunales electorales y los contenciosos electorales, en los que generalmente tienen poder las fuerzas tradicionales. Los sistemas electorales en Latinoamérica siguen siendo poco transparentes. Las auditorías a los sistemas son casi nulas.

A pesar de que Trump se vanaglorie de poner presidentes, en Colombia la desaprobación a este sobrepasa el 57% y en Perú el 74%. En Estados Unidos la desaprobación de Trump está en 63%. Después del secuestro de Maduro, Estados Unidos incrementó su poder en Venezuela, y ahora lo mantiene en Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Paraguay, Argentina, y se expande en Colombia. El proyecto de la Gran América del Norte de Trump se consolida en el sur. La oposición debe buscar proyectos unitarios para enfrentar a las derechas y a las extremas derechas.

ETIQUETAS:
Comparte este artículo