Por: Dr. Camilo Morán Rivas MD.
Cuando se conoció el fallecimiento de un segundo preso en la cárcel de «El Encuentro» —y para intentar justificar ese hecho fúnebre—, el ministro Reimberg dijo, muy suelto de huesos y envuelto en una ignorancia suprema: «El preso no ha muerto de tuberculosis, él solo ha muerto de pancreatitis». Lo dijo como si la pancreatitis fuera una situación clínica de menor importancia o casi «inofensiva».
Pero veamos rápidamente qué es la pancreatitis: es una inflamación severa del páncreas que ocurre cuando las enzimas digestivas se activan dentro del órgano en lugar de hacerlo en el intestino delgado. Puede ser causada, en la mayoría de los casos, por cálculos biliares, alcoholismo excesivo y hasta por mecanismos autoinmunes.
Hay varios tipos de pancreatitis. La más frecuente es la edematosa, cuya tasa de mortalidad no pasa del 1%. En cambio, en la pancreatitis necrótica o hemorrágica —que ocurre por la destrucción de los vasos pancreáticos— la mortalidad puede oscilar entre el 30% y el 50%. En ambos casos, los pacientes sufren un dolor insoportable, terrible y colapsante en el epigastrio (la boca del estómago), que viene acompañado de vómitos, sudoración profusa y una sensación de muerte inminente.
En cualquiera de los dos escenarios, el paciente necesita ser hospitalizado de forma urgente para recibir tratamiento especializado con hidratación agresiva, sondaje nasogástrico y analgésicos potentes para calmar un dolor tan intenso que incluso puede confundirse con un infarto agudo de miocardio. Al paciente deben realizársele exámenes especiales de enzimas pancreáticas, una ecografía abdominal y hasta una resonancia magnética nuclear (RMN).
Qué difícil es aceptar que al frente de organismos elementales del Estado se encuentren verdaderos energúmenos. Ante este cuadro clínico tan dramático, ¿cómo es posible que el señor Reimberg, repleto de absoluta ignorancia, haya dicho eso para intentar desmentir que la persona privada de la libertad (PPL) no murió de tuberculosis sino «solo de pancreatitis»?
Ante esto, me saltan algunas preguntas:
A. ¿Le habían hecho los exámenes necesarios para llegar al diagnóstico de pancreatitis?
B. Si ya tenían el diagnóstico de pancreatitis, ¿por qué no lo trasladaron inmediatamente a un hospital?
C. ¿Tiene la cárcel de El Encuentro la infraestructura médica necesaria para tratar casos de pancreatitis edematosa o, peor aún, hemorrágica?
D. ¿O acaso no tenían el diagnóstico de pancreatitis y solo les interesa desmentir el hecho para afirmar que nadie muere de tuberculosis, recurriendo al «solo de pancreatitis»?
Amigos, este es un caso de clara negligencia, de dejar morir a un ser humano sin atención oportuna. ¿O es que por ser una PPL no se tiene derecho a recibir atención médica?
Si estuviéramos en un país de derechos y civilizado, donde realmente interesara la vida de los seres humanos sin importar su situación o condición social, un elemental examen forense del fallecido dispondría inmediatamente un juicio por crimen o delito culposo para el director de la cárcel y para el jefe del departamento médico del centro penitenciario, además de un juicio político para Reimberg. Pero, desgraciadamente, acá vivimos sin un régimen de derechos, bajo la ley del más fuerte y el poder de las chequeras donde, como diría Reimberg, es «solo un PPL»…Trogloditas, no escaparán de la vindicta de la historia.
