Por Henry Izurieta
Para tener idea de lo que esa cantidad significa -1100 millones de dólares- para el ámbito ecuatoriano, solo hay que recordar que Ecuador firmó un acuerdo con el FMI para reducir su presupuesto estatal en 1000 millones de dólares anuales y, para alcanzar ese monto, se tiene previsto despedir a unos 70000 funcionarios públicos. De los cuales ya despidieron a unos 5000 a finales de 2025. Este individuo obtuvo 1100 millones de dólares en un solo año, una cantidad astronómica para cualquier persona, que no le alcanzará la vida para gastarse ese dinero, pero tiene mucho más que eso y, aun así, no es el más rico. De entre los milmillonarios es de los que menos ha acumulado.
Además, el personaje del que hablamos, obtuvo esa enorme ganancia en un año crítico, el año de la pandemia, mientras el mundo entero sufría, el gozaba de ser el CEO mejor pagado del mundo. Por si fuera poco, en ese año, el 2020, recién fue el primer año en que la empresa de la que es su CEO, salió al mercado de valores a cotizar sus acciones. Extrañamente, el primer año en que su empresa sale a cotizar, el obtiene ganancias por 1100 millones de dólares, en una empresa que acumula pérdidas desde sus inicios en el 2004.
Para colmo, según algunos trabajadores de la empresa, no tiene las capacidades técnicas requeridas para estar al frente de una empresa de esa envergadura. Sin embargo, Alexander Caedmon Karp, que es de quien hablamos, igualmente según los empleados de Palantir, la empresa de la que es su CEO, tiene gran capacidad para hacer entender a los posibles inversionistas las complejidades técnicas de las propuestas que Palantir tiene. Aparentemente, sería esta la razón para que los demás socios hayan decidido mantenerlo como CEO de Palantir, ya por más de una década. Pero, en realidad, lo que está detrás es la protección y proyección de crecimiento conseguida a partir de la relación que esta empresa tiene con la CIA y, por tanto, con los negocios del gobierno norteamericano.
Alex Karp, de padre judio y madre afro, nació en New York, en 1967, según dice, en su niñez y adolescencia acudía con sus padres a marchas por los derechos, seguramente por eso es que en determinado momento se autodefinió como socialista y progresista. Estudió leyes en Stanford donde fue compañero de aula de Peter Thiel, con quien comparte la propiedad de Palantir. También estudió en Alemania donde obtuvo un posgrado en filosofía, teniendo como maestro al conocido filósofo alemán Jurgen Habermas.
Sostiene que recibió una herencia de su abuelo que le permitió crear un fondo en Londres y, seguramente, esos dineros le permitieron comprar el 2.63% de las acciones de Palantir, cuyo actual crecimiento en la bolsa de valores le permiten subir en la lista de los milmillonarios con unos 16.5 miles de millones de dólares e, increiblemente, enorgullecer a los negros estadounidenses, al ser el tercer negro más millonario, según la web billonarios africanos.
Pero lo que no saben los africanos que lo ensalsan, o pretenden ocultar, es que Karp no tiene interés alguno en reivindicarse negro y menos ser defensor de sus derechos. Nunca en sus declaraciones ha hecho mención a los derechos de los pueblos negros. En las protestas en Estados Unidos por el genocidio de Israel en Gaza cuestionó a los estudiantes que protestaron por los derechos palestinos.
Karp, de entre los milmillonarios involucrados en temas de guerra moderna, es el más polémico, aunque poco profundo en sus análisis, que es lo que se esperaría, dada su formación en filosofía.
Si alguna vez tuvo un atisbo de socialista en la actualidad lo ha perdido por completo. “Los activistas por la paz son activistas de la guerra” sostiene refiriéndose a las marchas que reclaman paz en el mundo y prosigue: “Nosotros somos los activistas por la paz” en medio de un evento en el que expusieron militares norteamericanos frente a un público hambriento de guerra, al que solo le interesaba la correlación de fuerzas militares, por ello causó impacto positivo cuando dijo que Estados Unidos “debe infundir miedos a nuestros adversarios”.
Esta visión equivocada de lo que es la paz se ratifica y amplía en los enfrentamientos que tuvo con Google al cuestionar a esta empresa por el abandono del contrato con el Pentágono en el proyecto Maven por considerar que la aplicación de la IA en la guerra y acceder a información privada analizada por IA van contra los derechos y la ética. En cambio, Karp sostiene que la defensa de la democracia norteamericana es fundamental y cuestiona a Google calificándola de antipatriótica.
Estos y muchos otros elementos y conceptos que Karp tiene, junto con sus socios, propietarios de Palantir vale la pena conocer, para analizar en manos de quien está una de las empresas que definirá la guerra del futuro.
