Por Carla Báez Baquero
Ubicada en el barrio Coyoacán en la ciudad de México, en medio de la típica colonia mexicana, se encuentra la Casa Azul: un lugar santuario que se conserva en memoria de la vida y la obra de la pintora Frida Kahlo.
Desde el año 1985, La Casa Azul fue convertida en museo donde miles de turistas se convocan a este pintoresco lugar, para conocer de cerca un poco de la cotidianidad de Frida Kahlo y de su esposo el gran pintor muralista Diego Rivera; pues, en esta casa vivieron gran parte de su vida. Al compartir su gusto por el arte Diego y Frida se constituyeron en referentes de otros pintores mexicanos de la época.
Frida Kahlo es la pintora mexicana más reconocida a nivel mundial, cuya vida fue marcada por un accidente que limitó sus capacidades físicas, pero potencializó sus capacidades creativas. Este accidente la mantuvo postrada durante un largo tiempo, debiendo someterse a varias intervenciones quirúrgicas. Sus escasas capacidades físicas las direccionó a plasmar en sus obras una profunda expresión de dolor y esperanza que están cargadas de original sentido estético.



En la entrada de La Casa Azul se encuentra un patio lleno de plantas y flores nativas mexicanas; dentro de la casa se pueden admirar los espacios cotidianos con sus muebles y objetos rústicos y sencillos, así como de los materiales de pintura, como lienzos y pinceles a través de los cuales la artista plasmó su obra pictórica. La obra original de Frida Kahlo puede ser admirada en los pasillos de la casa y en las habitaciones.
Entre sus principales creaciones artísticas se encuentran: Las dos Fridas (1939). La columna rota (1944). Autorretrato con collar de espinas y colibrí (1940). Diego en mi pensamiento (1943). El ciervo herido (1946). Hospital Henry Ford (1932). Viva la vida, sandías (1954), pinturas cargadas de simbolismo sobre las experiencias que marcaron su vida.
A través de su expresión artística Frida Kahlo se convirtió en un símbolo del feminismo y de orgullo de la cultura mexicana, que siempre ha sido resaltada a través de su colorida vestimenta tradicional y otros elementos típicos de su entorno.
A la salida de la Casa Azul se encuentran gran cantidad de pequeños comercios que ofrecen todo tipo de artículos con la imagen de la artista; sus múltiples auto retratos se reflejan en todo tipo de objetos en los que resaltan sus cejas, su peinado tranzado y adornado con coloridas cintas y flores. Toda esta grande y variada oferta se complementa con la oferta gastronómica, que hace que la experiencia sea completa al poder deleitarse también de los sabores auténticos mexicanos.

El gran legado de Frida Kahlo a la humanidad constituye un ejemplo de resiliencia y resistencia de la mujer, cuyo dolor y sufrimiento se expresó en arte y belleza. Aunque su obra fue catalogada de surrealista, ella no estuvo de acuerdo con esta categorización, Frida siempre afirmó: «No pinto mis sueños, pinto mi realidad».
Quito, mayo 2026.
