Silencio y ruido mediático

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Por Jaime Chuchuca Serrano

El gobierno de Lasso ha vivido en permanente crisis. Acusado de fraude, pero apoyado por las máximas instituciones electorales. Acusado de privatización petrolera, pero apoyado circunstancialmente por la Asamblea. Reclamado por la población por encarecer los combustibles y rifar los recursos naturales, por los casos de corrupción, que han ido estallando uno tras otro (Panamá Papers, Aduanas, Petroecuador, el Gran Padrino, el Gran Hermano), pero defendido por la sociedad conservadora institucionalizada.

En todos los casos ha recibido apoyo mediático: con el silencio cómplice, con la continuación de la pauta, con la distracción, con el ruido del mensaje estratégico. Incluso, cuando La Posta denunció los últimos casos, el Gran Padrino o el Gran Informe, el cerco mediático defensor del gobierno continuó con el mismo comportamiento. Así como actuó en la época de Moreno. Este mecanismo mediático sorprende mucho más cuando en cadena presidencial se refirió a los periodistas de La Posta, palabras más o menos, como mercenarios o terroristas de la comunicación, en el mismo tono despectivo que un expresidente hablaba en contra de la «gordita horrorosa» o de la libertad de prensa. Y en la otra orilla, cuando La Posta, de Vivanco y Boscán, hacia campaña por Lasso, este se refería a ellos como el periodismo de los jóvenes.

Es sorprendente que a esta altura ningún otro medio haya triangulado la información de las redes de corrupción y mafias en el gobierno de Lasso, relacionadas con su cuñado Danilo Carrera, mecenas del presidente. Si los emporios comunicativos ecuatorianos han investigado la información, ha sido del tamaño de un aviso de la sección de clasificados. Carlos Vera, el periodista conservador, señaló a Boscán que a veces es mejor tener la verdad y no comunicarla, para no generar una convulsión o crisis, porque esa verdad genera más mal que bien. Es decir ¿los medios manejan la «verdad» en beneficio de unos y en maleficio de otros? De este modo el periodismo no supera el estado de propaganda.

Recientemente, las corporaciones mediáticas chilenas jugaron un rol fundamental en contra de la aprobación de la Constitución; las peruanas para que caiga Pedro Castillo; las colombianas para las movilizaciones contra Petro; las ecuatorianas para conservar en el gobierno a Moreno y ahora a Lasso. Los hechos muestran que los medios no sólo tienen preferencias, sino partido político. ¿No es cínico hablar de «imparcialidad» para estar siempre del lado del poder? Y aquí concluyo, porque esta columna también se publica en los medios.

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